
PRESENTACIÓN: paciente de 86 años independiente, tratada con valsartán/hidroclorotiazida 160/12.5 y pravastatina 40 mg. Hasta la fecha ningún problema de salud, excepto que en agosto de 2017 indicó que sufría dolores musculares, por lo que se realizó una carta de derivación al médico que acabó retirando la estatina. El 18/11/17 se mareó y pasó la noche vomitando. El 26/11/2017 un familiar observó alteración del lenguaje y pérdida de fuerza en extremidad superior izquierda. En urgencias diagnostican un ictus que deriva en crisis epiléptica, por lo que prescriben atorvastatina 80 mg, ácido acetilsalicílico 100 mg, clopidogrel 75 mg y pantoprazol 40 mg cada 24 horas y levetiracetam 1.500 mg cada 12 horas. Mantiene el antihipertensivo. Intervención: recuperada, tras el alta el 7/12/17, acude a la farmacia y se apunta al servicio sistema personalizado de dosificación (SPD). El 24/12/17 comienza a tener náuseas, vómitos, cambio del estado de ánimo, apatía e incluso deja de comer. Padece somnolencia, comienza a desorientarse y a perder el equilibrio fácilmente. Con el empeoramiento de los síntomas, queda inhabilitada, incapaz de realizar ninguna actividad por ella misma. El 02/01/2018 aconsejamos el traslado a urgencias. Se descarta el ictus y realizan pruebas para explicar las causas. Desde la farmacia pedimos a la familia el historial clínico completo. Estudiándolo junto con la medicación, vimos que tomaba una dosis de levetiracetam (se elimina el 95% por vía renal) tres veces más alta que la propuesta por la ficha técnica para su función renal (insuficiencia renal moderada). Como los trastornos que sufría podían estar relacionados, derivamos una carta de recomendación al médico del hospital, sugiriendo una bajada de dosis. Accede y el 06/01/18 le da el alta, le quita el clopidogrel y pasa a tomar 500 mg de levetiracetam cada 12 horas. Tras 10 días no mejora, por ello solicitamos la concentración plasmática de levetiracetam, y el resultado sobrepasa más del doble los límites seguros. Por lo que, el 16/01/18 acordamos con el médico de cabecera una nueva reducción (500 mg cada 24 horas).
RESULTADOS: tras tres semanas desde la segunda reducción, ha vuelto a recuperar las capacidades que tenía a finales de 2017, volviendo a ser una persona independiente. El nivel del antiepiléptico en plasma está dentro del margen de seguridad. La analítica el 6/02/18 es buena, pero la vitamina D es baja, por el tiempo que ha pasado en casa. Hablamos con el médico y prescribe calcifediol.
CONCLUSIÓN: en atención primaria se debe tener especial cuidado con el levetiracetam en adultos mayores de 65 años, ya que se debe ajustar la dosis a la función renal del paciente. En una sociedad tan polimedicada, es fundamental el seguimiento farmacoterapéutico a los pacientes a partir de cierta edad y cierto número de fármacos tomados. De igual manera, sistemas como el SPD nos ayudan a llevar a cabo esta tarea derivando en una correcta adherencia al tratamiento y por consiguiente en una atención farmacéutica de calidad.